FILOSOFÍA FRANCISCANA

Roger Bacon (h.1214-1292)

Filósofo escolástico, llamado el «doctor admirable», perteneciente a la orden franciscana, maestro en Oxford, discípulo de Roberto Grosseteste y de Pedro de Maricourt, de quienes aprende el interés por las matemáticas y el valor de la experiencia. Sin matemáticas, dice, no se puede conocer nada de este mundo y su certeza es la mayor de todas, pero sus demostraciones no pueden contradecir la experiencia. Parece que se debe a él la expresión, aparecida por vez primera, de «ciencia experimental», referida al conjunto de saberes que no son la teología y la filosofía. Expuso sus ideas en torno a una ciencia total, no alcanzada todavía pero unificadora de todos los saberes, en su obra Opus maius (1268). Estudió la reflexión de la luz en el arco iris y comparó la velocidad de la luz con la del sonido.

San Buenaventura (1217/21-1274)

Propiamente Giovanni Fidenza, llamado «Buenaventura», perteneció a la Orden Franciscana y es reconocido como una de las figuras centrales del apogeo de la filosofía escolástica del s. XIII; teólogo y filósofo de la orden de los franciscanos, al que la tradición otorgó el título de «doctor seráfico». Nació en Bagnorea, o Bagnoregio, cerca de Viterbo, en la Toscana (Italia) y estudió en París, de 1232-1246, donde fue discípulo de Alejandro de Hales[1], a quien llama «maestro y padre», y en donde ingresó en la orden franciscana. De 1253 a 1255 enseña en París por la misma época en que lo hace Tomás de Aquino, nombrados ambos por el papa, que medió en la discusión que se produjo entre órdenes mendicantes y clero secular que se disputaban la enseñanza en la universidad de París. Uno y otro encarnan dos enfoques distintos de la filosofía escolástica, que se perpetuaron en sus respectivas órdenes religiosas; ambos mueren el mismo año.

Su Comentario a las sentencias, se considera un modelo de comentario escolástico a las sentencias de Pedro Lombardo; y sus Colaciones sobre los diez mandamientos, [conferencias], constituyen un ataque al aristotelismo averroísta y a diversas «sectas heréticas» que se oponen a la fe: Buenaventura es un místico que, al hacer teología, razona sus creencias bajo el lema agustiniano de «no entenderéis si no creéis», con el trasfondo de los principios filosóficos de Agustín de Hipona y del «Aristóteles» platónico de Avicena. En su Itinerario de la mente hacia Dios, o camino que sigue la mente para ir a Dios, escrito en el monte Alvernia, escenario de fenómenos místicos para los franciscanos, no tiene reparos en fundir la mística con la filosofía, como habían hecho ya la escuela de san Víctor y san Bernardo en el s. XII, y al exponer el séptimo grado de subida hacia Dios deja el entendimiento para atribuir la llegada sólo al corazón, al éxtasis.

Esta síntesis de pensamiento y mística, propia de san Buenaventura, pasó a caracterizar lo que se denominó escuela franciscana de la escolástica, entre cuyos autores principales están Roberto Kilwardby († 1279), Guillermo de la Mare († 1928), Juan Peckham († 1292) y Mateo de Aquasparta (1240-1302). Juan Duns Escoto, de la misma orden y tendencia, representa una nueva interpretación de Aristóteles y una mayor racionalización del pensamiento.

Juan Duns Escoto (1265-1308)

Filósofo escolástico escocés, nacido en Duns, Escocia, de donde le vienen los dos apelativos que se añaden a su nombre. Tras ingresar a los 15 años en la orden de los franciscanos, estudia en Escocia e Inglaterra y luego en París, donde alcanza el grado de maestro de teología el año 1305. El año 1307 se traslada a Colonia, donde muere a los 43 años de edad. Durante esta época (1297-1308), comenta las Sentencias de Pedro Lombardo, en Cambridge, Oxford y París y redacta diversas cuestiones cuodlibetales; unas y otras son las fuentes principales de sus obras. Es considerado uno de los más importantes filósofos medievales de la Escolástica tardía, y su postura crítica a las doctrinas de Tomás de Aquino no sólo da origen a una tradición escolástica distinta denominada escotismo, que durante siglos será la oponente intelectual de la corriente tomista patrocinada por los dominicos, sino que también establece los fundamentos de muchos conceptos y problemas que serán básicos para la nueva época intelectual que empieza con el s. XIV. La postura de simple adversario intelectual de Tomás de Aquino, que le ha sido adjudicada por una tradición poco crítica, queda desprovista de base por los estudios de los grandes medievalistas, como Gilson y P. Vignaux, que demuestran que la filosofía de Duns Escoto ofrece todo el interés de una verdadera síntesis (si acaso apenas algo más que iniciada por la brevedad de su vida) de gran altura especulativa, inspirada en una interpretación de Aristóteles que se apoya principalmente en los comentarios de Avicena y que sustituye al tradicional neoplatonismo agustiniano de los franciscanos. El objeto directo de la crítica de Escoto no es el aristotelismo de Tomás de Aquino, sino el agustinismo de Enrique de Gante, que enseñó en la universidad de París entre 1274 y 1290.

El punto de partida de la filosofía de Escoto es la tesis que adopta en la discusión de su época en torno a cuál es el «objeto primero» del entendimiento humano, lo primero que conoce, y a partir del cual se construye la metafísica. Entre los que sostienen que el primum cognitum es Dios mismo y los que defienden que es la quidditas rei materialis (la esencia de la cosa sensible), Escoto sostiene que el objeto primero y propio del entendimiento es «el ser en cuanto ser», habida cuenta no de la situación presente (pro statu isto), sino de lo que el entendimiento de por sí mismo puede (ex natura potentiae). El ser en cuanto ser es lo que se denomina también el «ser común o comunísimo», aplicable a cualquier clase de realidad sensible o meramente inteligible, finita o infinita, con significado unívoco. En este concepto de ser, la existencia no es una característica primera; lo es más bien la esencia. La existencia es una modalidad (modo o grado de realidad de la esencia, la llama) de la esencia y se entiende desde ella; hasta la misma individualidad proviene de la esencia, de la naturaleza común, o mejor de lo que llama intentio naturae, intención de la naturaleza, que no es sino el pleno desarrollo de la capacidad del ser, que no es más que pura potencialidad y que, por ello, está orientado a existir; de modo necesario en el ser infinito, de modo contingente en el ser finito.

El voluntarismo es otra de las tesis características de Duns Escoto. Genéricamente, significa la primacía de la voluntad sobre el entendimiento, aplicable a dos ámbitos. Referido a Dios, es la afirmación de la contingencia radical de las cosas, de modo que éstas son lo que Dios ha determinado que sean por su voluntad infinitamente libérrima y omnipotente, pero las cosas podrían ser exactamente lo contrario, porque la contingencia es su característica esencial y hay infinitos mundos posibles creables por Dios; lo que existe no existe por ninguna otra necesidad que la libre volición divina, el amor divino. En lo que se refiere al hombre, el voluntarismo destaca la importancia de la libertad soberana de la voluntad y del amor frente al entendimiento y al conocer. El voluntarismo, y la contingencia que implica, alcanza hasta el mismo orden moral: «Todo lo que no es Dios es bueno, porque es deseado por Dios, y no a la inversa» (Ordinatio I, d.1, p.2, n. 91).

 

[1] Alejandro de Hales (ca. 1185-1245), filósofo y teólogo escolástico franciscano, nacido en Hales Owen (Shropshire, Inglaterra), a quien se le otorgó el título de doctor irrefragabilis [doctor irrefutable]. Enseñó en París y se le considera el iniciador de la escuela franciscana, de orientación agustiniana, que concilia las teorías de Aristóteles con las de san Agustín. Su gran obra, Summa Fratris Alexandri, es de las primeras obras teológicas de esta escuela en recurrir al pensamiento filosófico de griegos y árabes.

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