La historia del pensamiento occidental en el siglo XII, está dominado por un acontecimiento de alcance incalculable: el primer encuentro importante y la fusión masiva de las producciones del pensamiento pagano (griegas y árabes) con las creaciones del pensamiento cristiano.

En su conjunto, habrá que tener en cuenta que la filosofía que se constituye en la edad media, al lado de la teología, es obra de la pura razón, y en la cual, la influencia del pensamiento cristiano no se ejerce sino indirectamente. Esto se realiza de dos maneras: positivamente, la fe estimula el deseo de conocer y de amara la verdad; negativamente, el magisterio eclesiástico, controla las conclusiones de la labor filosófica y prohibe, al filósofo, el concluir contrariamente a las enseñanzas de la Revelación.

No obstante, hay que considerar que la revelación cristiana, constituye un enriquecimiento y un estímulo para la inteligencia. Anuncia ya una colaboración armoniosa y bienhechora de la fe y la razón. Ahora bien, la distinción entre filosofía y teología, reconocida por el alta edad media, se efectuó efectivamente en los siglos XIl y XIll. Así se distinguen claramente en la época, un movimiento teológico y un movimiento filosófico; este último alcanza su pleno vigor en los grandes sistemas del siglo XIll.

La vida intelectual del siglo XIlI, está dominada por un hecho histórico capital: la introducción en Occidente por olas sucesivas, que van desde mediados del siglo Xll, hasta el -fin del siglo XIII, de una abundante literatura filosófica y científica de origen judío, griego y árabe. La historia de este movimiento de traducciones árabo-latinas y greco-latinas, constituye aun hoy un vasto campo para la investigación. Al lado de construcciones y conclusiones firmes, y muy numerosas; de cuestiones múltiples tocante al origen, la fecha y las circunstancias de composición, la dependencia literaria, etc., es decir, la labor hermenéutica para ‘catar’ el valor de todas estas versiones están aun por resolverse. La edición crítica de estas versiones medievales, es decir, de las principales fuentes en que bebieron los filósofos latinos de la Edad Media, es una de las obras científicas de mayor urgencia que se imponen a la hora actual. (citamos a manera de ejemplo: Aristóteles latinus, El corpus platonicum media aevi. Averroes latinus, Avicena latinus etc. etc.

La labor doctrinal y literaria del siglo XIII, estuvo precedida en primer lugar de las grandes síntesis árabe y helénica. De esto podemos aportar las siguientes indicaciones: En primer lugar, que la civilización helénica, extendida en toda la cuenca del Mediterráneo, se encuentra a la base de todas las civilizaciones posteriores de Europa y de Africa del Norte.

Los resultados del esfuerzo científico llevado a cabo por los griegos, está dominado por las figuras excepcionales de Platón y Aristóteles que personifican el idealismo y el empirismo respectivamente.

Ambas posturas son resultado de la naturaleza compleja de nuestro conocimiento; síntesis misteriosa de sensación e idea. Así, el Platonismo y más aun el Neo-Platonismo, son doctrinas esencialmente metafísicas, abiertas al sentimiento religioso y a la contemplación mística; conllevan, por lo mismo, una moral de desprendimiento y de progreso espiritual centrado en la idea de una vida supraterrestre en comunión beatífica con Dios.

La herencia platónica, comporta sobre todo los elementos siguientes:

  • Intuición de las ideas o de los inteligibles.
  • Posibilidad de un conocimiento directo del mundo espiritual y del Ser Supremo.
  • La afirmación de una realidad absolutamente trascendente al mundo de nuestra experiencia sensible y fuente primera de toda realidad: el Bien, (Platón) y más tarde del Uno (Plotino y Proclo)
  • La doctrina de la Participación, que ve en los seres, distintos del Ser Supremo, realidades derivadas y dependientes y cuyo valor ontológico depende de la manera o grado de su ‘ participación’ o en o de la perfección del Primer Principio.  De ahí la concepción jerárquica del universo y la teoría de la emanación destinadas a explicar el proceso de la causalidad divina.
  • La concepción de la materia como no ser, multiplicidad pura, principio del mal;
  • Un dualismo psicológico, que yuxtapone u opone alma y cuerpo, (antagonismo entre ellos) Y por último, la idea de sobrevolar o sobrepasar la materia para retornar a Dios por vía de ascesis y contemplación.

Habrá que tener en cuenta que la Edad Media, no conocerá a Platón ni al platonismo directamente, sino por algunos escritos de Proclo y tres escasos diálogos platónicos: el Timeo es uno de ellos, pero su influencia será importante gracias a las infiltraciones indirectas y numerosas.

Aristóteles por el contrario, personifica el empirismo científico. Elabora una filosofía o un sistema filosófico que pretende apoyarse exclusivamente sobre las observaciones realidades cósmicas y los datos de conciencia. Su teoría del conocimiento y los análisis tan penetrantes de los procesos del pensamiento discursivo, ha hecho de él , el fundador de la ciencia y el creador de la lógica. Su filosofía natural, ofrece una interpretación ingeniosa y coherente del conjunto de los fenómenos que constituyen nuestro universo material. Sus tratados de moral, marcados por el mismo método empírico, están llenos de análisis muy ricos sobre la vida personal y social; formulan reglas de conducta inspirados en el juicio de la razón.

No obstante, el punto débil de Aristóteles esté en Metafísica. Este físico, este naturalista, este sociólogo incomparable, no es en el mismo grado metafísico. Bien que él es el fundador de la metafísica (como ciencia). Sus libros sobre Filosofía Primera, testimonian un notable esfuerzo de análisis tocante a los conceptos metafísicos fundamentales y de una elaboración bastante avanzada de muchas doctrinas metafísicas: la verdad, las causas, la substancia, la unidad, el acto y la potencia, la materia y la forma…., etc.

Encontramos una tentativa de síntesis filosófica mediante la idea de analogía, por la concepción de la jerarquía de causas y por la afirmación de sustancias espirituales, sobre las cuales reina el Motor, o Acto Puro. Pero hoy sabemos las deficiencias que un tal sistema conlleva, dejando sin solución los problemas más fundamentales de la ontología. Por ejemplo, el primer motor es la causa primera de Ia evolución cósmica, mas no parece que mueva al mundo como causa eficiente del movimiento; no es ciertamente tampoco causa creadora o de ser. La jerarquía de las sustancias espirituales, las esferas celestes y la materia del mundo terrestre con todas sus especies han de ser concebidas como necesarias y eternas. Este Absoluto que es una multiplicidad sujeta al devenir, plantea al pensamiento metafísico problemas que Aristóteles mismos no prevee ni plantea.

La eternidad del mundo y del tiempo parece ser para él el postulado que se impone y que no busca o no requiere de prueba en el plano metafísico. El orden universal, es u n hecho, un objeto de observación sobre el que no se busca la razón última. En resumen: la Metafísica de Aristóteles como los ensayos de metafísica que precedieron al sistema neoplatónico, son una metafísica incompleta, inacabada, en la que la misma problemática carece de envergadura y profundidad. Si la juzgáramos como un sistema definitivo, podríamos calificarla de panteísmo cósmico porque las sustancias espirituales y el mundo en el sistema, poseen las características fundamentales del absoluto: la existencia necesaria y eterna de sí.  Ahí no se trata en efecto, el problema fundamental de la metafísica: el de la existencia (de los entes)

No podemos ver tampoco ahí un verdadero teísmo y mucho menos un ‘riguroso teísmo’ puesto que si el Primer Motor o Acto Puro de Aristóteles fuese un ser Personal e incluso el más perfecto, no es ni causa creadora ni providente y su trascendencia en relación a las sustancias separadas es muy relativa.

Las lagunas de la Metafísica, en el dominio de la psicología humana, entraña entonces dificultades.  El problema de nuestra propia naturaleza es probablemente el más difícil de los problemas filosóficos: punto de encuentro entre el universo material y espiritual.  El hombre es un macrocosmos de extraña complejidad y su naturaleza es una primera fuente de dificultades.  Estas se vuelven más hondas cuando abordamos el problema del origen del alma espiritual.  La metafísica de Aristóteles, no ofrece ninguna posibilidad de salvación que respete los datos psicológicos, lo que sin duda se atenía por encima de todo, en virtud de su método general.

El ‘noús‘o intelecto, pertenece al mundo intelectual, espiritual, eterno e incorruptible, divino. Aquí termina la sabiduría de Aristóteles.

Pero podemos entonces preguntamos: ¿de dónde viene el intelecto que lo hace pensar? ¿cómo está unido a las otras partes del alma?. Si preexiste el individuo, ¿dónde estaba? ¿en qué mundo? ¿qué rol jugaba? ¿por qué ‘cayó’ en un cuerpo?, ¿cada humano, posee un ‘noús’ que le es propio? ¿a dónde va el intelecto después de la muerte? El sistema de Aristóteles, apenas sí plantea algunas de estas preguntas pero deja todas, sin responder.

Sus discípulos trataron de resolverlas en sentidos diversos, mas ninguno ha logrado llegar sin traicionar en puntos importantes la doctrina original de su maestro. Por ejemplo, Alejandro de Afrodisia, sacrificó el carácter inmaterial del intelecto; Averroes, arruinó la personalidad del individuo humano.

Tomás salvó lo uno y lo otro, mas su doctrina, tocante al origen del alma humana corolario inmediato de su doctrina de la creación, es del todo extraña al sistema de Aristóteles. Para esto, fue necesario poseer una noción muy exacta del acto creador y ver en el influjo de la Causa Primera Creadora, la razón última de la existencia, de la duración y de la actividad de todas las substancias que constituyen el orden creado.

No obstante, el esplendor de la obra de Aristóteles, fue inmenso y ha seguido siendo hoy uno de los productos mayores de la inteligencia humana. La razón de su validez es inherente a la naturaleza, al método y al valor de sus trabajos. Con Aristóteles nos aparece un mundo real e inteligible Su física, incluye un realismo ontológico y epistemológico. La idea misma de ciencia está ligada al conocimiento de los objetos.

En su conjunto, podemos decir que la obra científica de Aristóteles representa el resultado más firme y más extenso de la actividad intelectual griega. Aristóteles representa la gran enciclopedia de la ciencia antigua, su obra es como un potencial, un capital intelectual que se va a transmitir durante un largo tiempo.

No obstante, las tendencias empiristas y agnósticas que perfila, crean desconfianza en los espíritus religiosos y dejan insatisfechos a los metafísicos. Las lagunas descubiertas de su sistema dan lugar a discusiones interminables entre sus discípulos. De ahí que casi siempre los pensadores que se inspiran en el peripatetismo serán llevados a corregir o a completar los puntos de vista del estagirita, con la ayuda de temas tomados del platonismo y neoplatonismo.

Llegados al siglo XIII, si el Aristotelismo comenzaba a aparecen en Occidente, se le enseñaba mal y con grandes errores.

Aportación Árabe

La conquista árabe del siglo VII, fue punto de partida de una civilización nueva en la cuenca meridional del Mediterráneo. Mezclados a los pueblos sometidos, los árabes son muestra de una capacidad de asimilación extraordinarias. La cultura no posee nada de verdaderamente original, ni incluso la religión, pero saben muy bien sacar partido de la civilización helénica.

En filosofía, explotan los tesoros del pensamiento griego; así, se sigue un movimiento que desde Siria, Egipto, Mauritania, España y las dos Sicilia, aporta a Occidente latino, la herencia del saber griego antes que las cruzadas hayan permitido a Occidente, reanudar las relaciones intelectuales directas con el imperio de Oriente.

En el mundo musulmán y judío, el movimiento filosófico se desarrolla en el seno de una civilización profundamente religiosa, y los filósofos han de tener en cuenta, mucho más que con los griegos, del hecho que existe una religión que comporta una revelación, una ortodoxia. Esta situación casi desconocida de griegos y romanos, entraña fenómenos nuevos: influencias recíprocas del pensamiento racional y de las creencias religiosas conflictos doctrinales, búsqueda de equilibrio y de una actitud conciliadora. En breve: el problema de la razón y la fe y subsidiariamente, el de las relaciones entre saber filosófico y ciencia religiosa que se plantean tanto en el islamismo como en el judaísmo y cristianismo.

Algunos estudiosos de la civilización medieval opinan que la filosofía griega seguirá siendo un elemento extraño y secundario para el pensamiento islámico, el cual, anterior a su encuentro con lo griego, poseía ya su propia visión del mundo de origen oriental. No obstante, las antinomias que oponían el racionalismo griego a las concepciones religiosas de inspiración oriental habían sido atenuadas por el neoplatonismo. Además, observan algunos, el pensamiento helénico es ya en sí mismo un pensamiento orientalizado.

Por último, sabemos que la filosofía árabe estuvo dominada por las dos grandes figuras de Avicena y Averroes. El sistema de lbn Sina (en latín Avícenna), muerto en 1037, es una combinación de aristotelismo y neo-platonismo: la lógica y la física de Aristóteles encuadradas en una metafísica plotiniana. Esta mezcla de dos filosofías tan opuestas en su inspiración y método, es una de las características comunes a casi todos los pensadores árabes y judíos; fenómeno que se explica, por la necesidad de completar, con ayuda del neoplatonismo las lagunas de la metafísica de Aristóteles y de su propia teología.

Reconocemos que Avicena legó a Occidente cristiano una obra enciclopédica, caracterizada por ser una vasta paráfrasis de los escritos de Aristóteles, matizada o coronada por una interpretación neoplatónica de la causalidad creadora.

Por su parte Ibn Ruschd (Averroes), muerto en 1198, consagra el triunfo de Aristóteles entre los árabes Averroes profesa por el Filósofo, una admiración cercana al culto. De lado de sus escritos originales, dejó tres series de comentarios sobre los libros de Aristóteles, comentarios que ejercieron una influencia profunda en la exégesis peripatética entre los latinos y que le valdrá el título del comentador.

De este filósofo, habrá que llamar la atención en primer lugar, sobre los esfuerzos realizados por enunciar en términos precisos las relaciones de la filosofía con la religión. El problema estaba planteado desde hace mucho tiempo por los filósofos árabes, dado que los teólogos del Islam no habían asistido a los progresos de la especulación racional sin reaccionar. Averroes logra asegurar la autonomía de la filosofía, que representa la verdad absoluta y la interpretación sabia del Corán; la filosofía es independiente de la teología: De ahí que los doctores cristianos denuncian a Averroes como el padre del racionalismo antirreligioso. No obstante, los historiadores de la Edad Media, exponen de una manera muy divergente la posición de Averroes en metafísica.

Averroísmo

Equívocamente se designa con este nombre a la filosofía árabe que pudiera tener su punto de partida en Averroes, que no la hubo, puesto que, tras su muerte decae profundamente la filosofía árabe en occidente, por lo que el averroismo es el conjunto de tesis filosóficas que se expandieron en el mundo latino occidental, como propias de Aristóteles, a partir de los comentarios de Averroes. De 1150 a 1250 se tradujo al latín una gran cantidad de obras, procedentes del mundo griego, del árabe y del hebreo; los comentarios árabes que acompañaban a las traducciones de las obras de Aristóteles llamaron poderosamente la atención, por su novedad, de las «facultades de artes» de las universidades de París, Padua y Bolonia. Alberto Magno y Robert Grosseteste, entre otros, recurrieron frecuentemente a los comentarios de Averroes, y muchos profesores de la Facultad de Artes, en oposición a los de la Facultad de Teología, hicieron suyos los comentarios averroístas. A estos maestros en artes se les comenzó a llamar «averroístas» en sentido acusatorio y se les atribuían afirmaciones consideradas peligrosas e inconciliables con la fe cristiana. En tales doctrinas se sostenía sobre todo que:

a) sólo existe un único entendimiento separado (tanto agente como paciente).para toda la especie humana; que

b) la materia es eterna, y que

c) se puede defender la teoría de la doble verdad.

Se hacía, así, difícil sostener, respectivamente, la inmortalidad individual, la idea cristiana de la creación del mundo a partir de la nada, y la creencia de que la verdad sólo es una (la revelada). De entre las diversas condenas sufridas por estas tesis destacan las hechas por Esteban Tempier, obispo de París, en 1270 y 1277, que incluían además algunas tesis tomistas y, sobre todo, las teorías de Siger de Brabante y Boecio de Dacia, profesores de la Facultad de Artes y claros defensores de las doctrinas averroístas. A este averroísmo (doctrinalmente condenado de alguna manera) se le ha dado el nombre de «averroísmo latino». Según esta postura, Aristóteles no podía ser aceptado por la filosofía escolástica por no resultar compatible con los dogmas religiosos. Ésta fue una nueva ocasión de plantearse cuál era el papel que debía otorgarse a la razón (sólo aceptable cuando se trataba de aplicarla a la lógica aristotélica, pero no a las teorías físicas y metafísicas). Tomás de Aquino emprendió precisamente la tarea de depurar la filosofía escolástica medieval del lastre de las interpretaciones averroístas, buscando una lectura de Aristóteles compatible con la fe cristiana.

En el s. XIV renace el averroísmo, combatido en el siglo anterior: Ricardo Fitz-Ralph, obispo de Armagh, en Irlanda, sostiene que la doctrina del entendimiento activo único no es propiamente de Aristóteles, sino de Averroes. Aparece asimismo el denominado «averroísmo político» defendido por profesores parisinos, entre ellos Juan de Jandun (1280-1328), el primero en aplicarse a sí mismo el apelativo de averroísta, y Marsilio de Padua (ca. 1275-1343), ambos adversarios políticos del papa y partidarios de Luis de Baviera, que sostenían una concepción naturalista de la sociedad.

En pleno Renacimiento italiano se produce un nuevo, y último, florecimiento averroísta, al aparecer aquellas dos corrientes aristotélicas, según una distinción atribuida a Renan, de un aristotelismo averroísta (inspirado en Averroes), cuya sede es la universidad de Padua, y un aristotelismo alejandrista (basado en los comentarios de Alejandro de Afrodisia). El punto en discusión era la manera de entender la inmortalidad individual. Según la perspectiva averroísta, el alma humana, separada del cuerpo, carece de individualidad propia, pero subsiste en un alma común, mientras que, en la perspectiva alejandrista, el alma sin cuerpo no subsiste en modo alguno, desaparece. Coincidían ambas corrientes en reconocer la coherencia de la filosofía natural de Aristóteles, que aceptaban incluso cuando era contraria a la fe.

San Alberto Magno (ca.1200-1280)

Alberto de Lauingen o de Sajonia, lugar donde nació, miembro de la orden de los dominicos, llamado doctor universal, enseñó en Friburgo, Colonia -donde fue maestro de santo Tomás de Aquino- y París, y fue posteriormente obispo de Ratisbona (Regensburg). Hombre de amplia cultura, por abarcar no sólo conocimientos de teología, filosofía, lógica, ética, metafísica, sino también de ciencias de la naturaleza, como meteorología, mineralogía, fisiología, botánica, zoología, etc., de donde le viene el calificativo de «grande», fue uno de los primeros en introducir a Aristóteles en la filosofía escolástica y uno de los primeros escolásticos que mostró un interés específico por las ciencias naturales. En su intento de aristotelizar la filosofía, pese a ser un neoplatónico convencido, recurrió a las traducciones recientes hechas a partir del griego. Influido por el árabe Al-Farabi, desarrolla la teoría del «entendimiento adquirido», o entendimiento separado en cuanto se constituye en forma del alma, comunicándole la «vida teórica», o fin supremo de la vida humana, que anticipa temporalmente el modelo de vida eterna. De ahí surge una visión de la filosofía como forma de vida teórica, que influirá más tarde en los místicos alemanes, sobre todo en el Maestro Eckhart. En sus comentarios a las obras naturalistas de Aristóteles, recurre a experimentos y observaciones empíricas que dice haber realizado.

Su obra filosófica se compone de paráfrasis a diversas obras de Aristóteles y comentarios a las Sentencias de Pedro Lombardo y, entre sus obras de contenido científico, destacan Sobre los vegetales y las plantas, Sobre los minerales, Cuestiones sobre los animales. Se le atribuyeron numerosas obras apócrifas sobre alquimia, magia y nigromancia (como El Grande y El pequeño Alberto, Secretos de mujeres, Secretos egipcíacos). Su última obra, Summa de mirabili scientia Dei, quedó inacabada.

Santo Tomás de Aquino (1225-1274)

Nació en el castillo de Roccasecca, Frosinone, hijo de Landolfo, conde de Aquino. Se educó en el monasterio de Monte Cassino y luego en la universidad de Nápoles (1239-1244), donde a los catorce años emprende el estudio de las «artes». En 1244 ingresa en la orden de los dominicos. La madre, que se oponía a tal decisión, encarga a otro de sus hijos que le secuestre y encierre en el castillo. Libre, al fin, de la oposición de su familia, al cabo de un año marcha a París, donde es discípulo predilecto de Alberto Magno, a quien sigue luego a Colonia; vuelto a París, redacta el Comentario a las sentencias (1254-1256), inicia su labor como profesor y enseña en distintos lugares de Italia y Francia: Anagni, Orvieto, Roma, Viterbo, París y Nápoles. En esta época escribe sus obras, entre la que destacan Summa contra gentiles, escrito con finalidad misionera, y sobre todo la Summa theologiae, considerada la obra de mayor relevancia de toda la escolástica. Muere mientras se dirigía al concilio de Lyón, convocado por Gregorio X, en la abadía de Fossanova. Fue canonizado por Juan XXII, en 1323, y proclamado doctor de la Iglesia en 1567. Tras la Contrarreforma, fue considerado como el paradigma de la enseñanza católica, pero sus doctrinas no siempre habían sido comúnmente aceptadas. En 1277, el obispo de París, Tempier, instigado por el papa Juan XXI, antes Pedro Hispano, y cuyos manuales se utilizaban en muchas universidades europeas, condena un determinado número de tesis entre las cuales una veintena son tomistas; el mismo año, Roberto Kilwardby, dominico y arzobispo de Canterbury, prohíbe una treintena de tesis en la universidad de Oxford, la mayoría de las cuales son tomistas. Desde 1280, los franciscanos recurrían, con fines polémicos, a un Correctorio sobre el fraile Tomás, redactado por Guillermo de la Mare, en el que se pasaba revista a los errores tomistas.

El gran mérito que se atribuye a Tomás de Aquino es el de haber logrado la mejor síntesis medieval entre razón y fe o entre filosofía y teología. Sus obras son eminentemente teológicas, pero, a diferencia de otros escolásticos, concede, en principio, a la razón su propia autonomía en todas aquellas cosas que no se deban a la revelación. Para expresar esta autonomía y naturalidad de la razón recurre a la filosofía aristotélica como instrumento adecuado y, así, para combatir el averroísmo latino, utiliza sus propias armas: los textos mismos de Aristóteles. En la labor de armonización del aristotelismo con el cristianismo, algunas de las cuestiones que Tomás de Aquino ha de tratar de diferente manera son: Dios primer motor de un mundo eterno, el alma mera forma del cuerpo, la preexistencia de las esencias.

Concibe a Dios no meramente, a la manera de Aristóteles, como el primer motor que, desde siempre, mueve un mundo eterno, ni tan sólo a la manera de Averroes y Avicena, como causa primera de un mundo eterno, sino como el ser subsistente, o simplemente el ser mismo, noción que se constituye en la idea central de todo su sistema. «Ser», que en Aristóteles es la idea de «ser en cuanto ser», se convierte en «existir», y explica esta noción desde la idea de creación, como un recibir el ser de otro o un comenzar a existir por otro; el que crea, por tanto, ha de ser la perfección del existir, y en él se halla la plenitud o el acto puro de ser: actus essendi. Sólo en el ser subsistente, Dios, cuya esencia es existir, se identifica realmente la esencia y la existencia; en lo creado, esencia y existencia se distinguen y toda esencia, la del hombre, por ejemplo, llega a existir sólo cuando recibe el ser por la creación, siendo entonces un compuesto de esencia y existencia. La creación es un acto libre de Dios, que da origen al tiempo. La tesis del «ser como acto», central en la metafísica de Tomás de Aquino, exige el complemento de la analogía del ser: el ser que, según Aristóteles, «se dice de muchas maneras», permite entender a Dios a partir de lo creado afirmando a la vez que es muy distinto de todo lo creado. La analogía permite construir los argumentos de la existencia de Dios, o las conocidas cinco vías o maneras de llegar a saber que Dios existe a partir de las cosas.

Las ideas de Tomás de Aquino sobre el hombre son igualmente innovadoras, respecto de las de Aristóteles: el hombre es un compuesto de alma y cuerpo, pero el alma no es la mera forma del cuerpo, que perece con él; es su forma, pero le da además el ser y la individualidad: el hombre existe y es individuo por el alma, principio de vida vegetativa, sensitiva e intelectual; cada alma posee, a diferencia de lo que sostenían Averroes y Avicena, su propio entendimiento agente y su entendimiento posible; cada alma es por lo mismo depositaria de su propia inmortalidad. La autonomía que atribuye a la razón humana, aun siendo limitada, plantea en principio la posibilidad de una auténtica actividad filosófica independiente de la fe que, no obstante, Tomás de Aquino no llega a desarrollar. Escribió comentarios sobre diversas obras de Aristóteles y practicó todos los géneros literarios escolásticos de cuestiones disputadas, cuestiones cuodlibetales, tratados, etc.; destacan, además de las mencionadas, De veritate y De regimine principum.

Es destacable la aportación de Tomás de Aquino a la noción de estado moderno y al surgimiento de la ciencia política. Aplica el naturalismo aristotélico también a la sociedad, que llama civitas o civilitas, y distingue en el hombre la doble condición de ser «humano» y «ciudadano»: el ciudadano es el hombre político, no el mero hombre. Siguiendo a Aristóteles, para quien la naturaleza no hace nada en vano, tanto la civitas como la condición de ciudadano han de poder llegar a su plenitud; por lo que el Estado es un producto de la naturaleza del mismo modo que la iglesia es un producto de lo sobrenatural. La «congregación de hombres», que es el Estado, ha de poder alcanzar su plenitud lo mismo que la Iglesia.

Si el Estado es un producto de la naturaleza, también lo es la ley del Estado, o sea, la ley positiva, la cual, no obstante, deriva de la ley natural, por lo que ha de estar de acuerdo con ella. Toda ley se justifica únicamente por el bien común, y sólo éste justifica el poder.

Descripción sucinta de las obras principales

1. Scriptorum in quattour libros Sententiarum Magistri Petri Lombardi Episcopi Parisiensis (1254-1256)

Se encuentra en ello ya todo Santo Tomás. Ofrece interés filosófico particular: la presencia de Aristóteles como inspiración ya está claramente manifiesta; hay recursos frecuentes a Avicena y Averroes. Sus partes:

De Deo et de Trinitatis

De Creatione

De Mysterio Incarnationis ac de eius beneficiis

De Sacramento et de gloria Resurrecctionis

Elaboración de una serie de cuestiones que reflejan la atmósfera particular de la época.

2. Expositio super librum Boethi “De Trinitate” (1257-1258)

Procedimiento seco y riguroso. Fundamental para conocer la ‘doctrina de la ciencia’ del aquinate, particularmente en lo que respecta al proceder filosófico teológico; sobre todo en lo referente a la relación ferazón. Consta de un prólogo, un proemio, seguido de 6 quaestiones con 4 artículos cada una. Es una inconclusa.

3. EXPOSITIO IN DIONSYSIUM “DE DIVINIS NOMINIBUS” (1258-1265)

Obra que, junto con el comentario tardío al ‘De Causis’ introduce al influjo que tuvo el neoplatonismo especulativo en el desarrollo original del pensamiento tomista. Sobre todo al problema del mal, del ser y de la emergencia del acto perfectivo.

4. CONTRA GENTILES (Opus, Summa: 1259-1263 aprox., con múltiples interrupciones)

Originalidad en relación a la ‘oficialidad’ que condicionaba la labor del maestro en la época. En ella, procede con método compuesto: filosófico-teológico, a pesar de reconocérsela como summa philosophica. De hecho, la sapientia de la que se habla en el capítulo I de libro 1, es: la sacra doctrina como sabiduría en cuanto oficio del sabio y que es: veritatem divvinam quae abtibinastuce est veritas, meditatem eloqui... et errorem contra veritatem impugnare. Consta de cuatro libros (sin título) dividida en capítulos complexivos (102+102+163+79). Los tres primeros libros contienen argumentos prevalentemente filosóficos en lo que respecta particularmente a las relaciones creatura-creador. El libro cuatro, está dedicado a temas prevalentemente teológicos (De Trinitate, De incarnatione, De pecato originale, De incarnatione Verbi; De Sacramentis, De novisimis).

5. SUMMA THEOLOGIAE ( 1267-1273)

Es sin duda una de las producciones más altas del espíritu humano de todos los tiempos. Implicó el trabajo de una decena de años, intercalando -por exigencias académicas- las quaestiones disputatae, los comentarios a Aristóteles y al Pseudo Dionisio, a Boecio, al De Causis, y los textos bíblicos que se señalaban.

Dividida en cuatro partes de amplitud desigual:

I Pars, dedicada fundamentalmente a los problemas de dogmática fundamental.

II Pars, dividida a su vez en dos partes

III Pars, Inconclusa.

La I-II y la II-II, abarcan toda la vida moral, general y especial respectivamente. La I pars, está dedicada a los problemas fundamentales de la dogmática [Existencia de Dios, creación, hombre, en su estructura sustancial, sus facultades y dependencia de Dios. Parte lII, expone el misterio de la Encarnación con el tratado importante y saliente de la Vida de Cristo (qq 1-59), seguido del tratado de los sacramentos, quedando incompleto el tratado sobre la penitencia….]. Tomás mismo caracteriza estas tres partes: 1º “De exemplari, scilicet de Deo et de his quae processerunt ex divina potestate, secundum eius voluntate”; 2º. ”De eius imagine, id est de homine secundum quod et ipse est suorum operum principium, quasi liberum arbitrium habens et suorum operum potestatem”; 3º. “Quia Salvator noster Dominus Jesus Christus teste Angelo (Mt. 1.21)….”

6. DE ANGELIS SEU DE SUBSTANTIIS SEPARATIS AD FRATEM RAYNALDUM DE PIPERINO

El prólogo, ofrece como pocos otros textos, el toque de ingenio del autor y de la peculiaridad de su método. Obra de la apertura a las diversas voces de la verdad sin importar sobremanera su procedencia, tanto dentro como fuera de la revelación. La obra se cierra en el capítulo 20, dando u compendio crítico, de excepcional importancia especulara, no sólo en lo que respecta a la naturaleza espiritual, sino también por la neta posición en torno a las relaciones entre Platón y Aristóteles. Ofrece agudeza y puntualización en la estructura metafísica de la creatura y en la que ocupa un lugar importante la noción de participación.Además, ofrece la refutación del hilemorfismo universal que devastó la escuela agustiniana, del filósofo hebreo Avicebrón.

7. COMPENDIIUM THEOLOGIEAE: (incompleto)

Completa sólo la III parte (Tractatus prior, De Fide, 246 caps.) 211 parte (De Spe, 15 caps.). Falta toda la tercera parte. La noción de participación ocupa un lugar central.

8. IN LIBRUM DE CAUSIS EXPOSITIO

Obra esencial de excepcional importancia para profundizar la metafísica sintética del último Tomás. En ella, corrige los errores del emanatismo arábico y que se habían atribuido al Pseudo Dionisio. Bellas precisiones sobre origen y naturaleza; gracias a la versión de la Stoigeiosis Theologiké, de Proclo, traducida al latín por Guillermo de Moerbeke.

9. QUAESTIONES DISPUTATAE Indispensables para la profundización de los principales problemas filosóficos y teológicos. Comprende desde las Quaestiones de veritate, hasta la quaestio de Malo, el arco completo de veinte años de magisterio. Su importancia radica en el carácter metodológico en cuanto que en ellas. S. Tomás sigue el método analítico. Ejemplos típicos, la cuestión 21 de De Veritate: “tractatus de bono” (21-24)

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