Notas sobre los Padres Apologistas del Siglo II (griegos y latinos)

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Video sobre las Primeras Herejías (las cuáles estimularán el desarrollo de la reflexión teológica y la ayuda cada vez más necesaria del lenguaje y categorías filosóficas griegas)

Las Primeras Herejías

Es una doctrina que se opone inmediata, directa y contradictoriamente a la verdad revelada por Dios y propuesta auténticamente como tal por la Iglesia.

La palabra “herejía” proviene de la lengua griega y encierra el concepto de error, desviación o enseñanzas de doctrinas que van contra un programa de fe, ya estructurado, o bien sometido a examen y finalmente aprobado con una definición de base inmutable. Desde el tiempo de los apóstoles abundaron las herejías: unas negaban la divinidad de Jesucristo, otras su humanidad y otras amalgamaban la doctrina cristiana con otras religiones, etc.

Durante toda la época de las persecuciones oficiales surgieron herejías, la mayoría provenían de los mismos cristianos descontentos y algunas de los paganos. Tampoco faltaron los defensores de la fe verdadera y exponían, al mismo tiempo, la doctrina bíblica enseñada por la Iglesia.

Apenas terminadas las persecuciones a principios del siglo IV, la Iglesia, como institución, gozó oficialmente de plena libertad y fue, entonces, cuando aparecieron las llamadas grandes herejías; las llamaron grandes por la extensión que cubrieron a lo largo y ancho del imperio romano, que paulatinamente iba cristianizándose, y también por el número de sus seguidores que se enrolaban en sus filas, sin excluir sacerdotes y obispos.

El acto de herejía es un juicio erróneo de la inteligencia. Si el juicio erróneo no se refiere a la regla de la fe, sino al objeto material de la fe, no se trata de actos de herejía.

Entre todos los pecados de infidelidad, la herejía es el más grave, porque supone un conocimiento más completo de la regla de la fe y de las verdades que hay que creer. Esta gravedad es probada por la palabra de Jesucristo, mandando a sus apóstoles a predicar el Evangelio: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las criaturas; el que crea y sea bautizado se salvará, el que no crea será condenado” (Marc 16,15).

El hereje ha sido definido así en el código del Derecho Canónico: “Si alguien después de haber recibido el bautismo, aun conservando el nombre de cristiano, niega con obstinación o pone en duda algunas de las verdades de la fe divina que hay que creer, este católico es hereje”.

Los castigos que recaen sobre los herejes están expuestos en el mismo Código:

“Todos los que apostatan la fe cristiana, todos los herejes y cismáticos y cada uno de ellos:

1) Incurren por el hecho mismo en la excomunión.

2) Si no se arrepienten después de una advertencia, serán privados de todos los beneficios, dignidades, pensiones, oficios u otros cargos que tuvieran en la Iglesia. Serán declarados infames, y los clérigos, después de una segunda amonestación canónica, son, por sólo este hecho, tachados de infamia, etc.; los clérigos, después de una segunda amonestación canónica sin ningún resultado, serán degradados”.

La absolución a los herejes provoca dificultades por razón del rito. El Código resume brevemente las disposiciones de la disciplina canónica: “La absolución de la excomunión está reservada de una manera especial a la Sede apostólica…El pecador así absuelto puede después recibir el perdón de su pecado de un confesor cualquiera. La abjuración está considerada como jurídicamente hecha cuando tiene lugar ante el ordinario del lugar o su delegado y por lo menos ante dos testigos”.

Grande es la diferencia entre herejía, que es una recusación de la doctrina católica, y el cisma, que es una rebelión contra la unidad de la Iglesia.

San Pedro describe ya la herejía con los caracteres que se le atribuyen hoy en día:

“Herejías de perdición por las cuales la voz de la verdad será blasfemada y se pervertirán muchos hombres. Consiste en una perversión de doctrinas; esta perversión de la doctrina implica en el fondo la negación de la divinidad del Salvador.

Toda doctrina opuesta a la verdadera fe constituye en sí una infidelidad, pero toda infidelidad positiva no es una herejía. Santo Tomás explica que la herejía, siendo elección en la doctrina, se refiere no al mismo fin de la fe, sino al medio propuesto para alcanzar este fin.

Herejías docetas

Aparecieron en el siglo I en oriente afirmando que Jesús tenía sólo un cuerpo aparente.

Ebionitas

A fines del siglo primero ya hubo algunos herejes judaizantes, Cerinto y los ebionistas (del hebreo pobres, también llamados “nazarenos” a causa de su ideal de vida pobre), que tomando como base un rígido monoteísmo unipersonal, negaron la divinidad de Cristo.

Los ebionistas se extendieron desde Persia hasta Siria.

Utilizaban un evangelio especial, llamado “evangelio de los hebreos”, sobre cuya identidad precisa discuten en la actualidad los estudiosos.

La herejía de los ebionistas (pobres que empobrecían la figura de Cristo), afirmaba que Cristo no es Dios, sino un simple hombre; las corrientes más moderadas, en cambio, admitían también su origen divino.

Característica de esta secta era una antipatía hacia San Pablo, considerado traidor al hebraísmo; cosa natural en ellos pues San Pablo había proclamado la ineficacia de la ley mosaica más abiertamente que todos los demás apóstoles.

La doctrina de los ebionistas sufrió muy pronto, influencias de otras doctrinas heréticas, que confluyeron sobre ella y le aportaron modificaciones substanciales, de modo especial el “gnosticismo”.

Así, por ejemplo, el hereje Cerinto (que actuó en Asia Menor a fines del siglo primero y de quien nos habla San Irineo y San Hipólito) era defensor de las prácticas judaicas, pero enseñaba también que el mundo no es obra de Dios, sino de un demiurgo: idea netamente contraria a la concepción de Dios creador y de evidente origen gnóstico.

Además, en su doctrina acerca de Cristo aceptaba también ideas propias de los docetas, término que deriva del verbo griego dokein, que significa parecer, afirmando que Jesús era simple hombre; cuando recibió el bautismo de Juan, había descendido sobre El, según esta teoría, una Virtud Divina, llamada precisamente Cristo, que le confirió la extraordinaria facultad de poder realizar milagros. Esta virtud abandonó a Jesús justamente en el momento de su Pasión y muerte.

Mandeos

En el ambiente judeocristiano se desarrolló también la secta de los mandeos, gnósticos o sabios, que, si bien no ha reclutado muchos seguidores, sin embargo, sobrevive actualmente en la Mesopotamia meridional.

La doctrina de esta secta es heterogénea en sus elementos y se vale de la fantasía en sus elaboraciones.

Su característica principal es el dualismo: la realidad deriva de dos principios, que se encuentran en el origen de todas las cosas, el dios masculino y el dios femenino.

Su teoría sobre Cristo, es prácticamente la misma que la de los gnósticos.

Gnósticos

Esta teoría fue una grave amenaza para la Iglesia, se impuso especialmente entre los siglos I y III, su período de máximo esplendor es en el siglo II.

Gnosticismo del griego gnosis, o sea, conocimiento, se debe a que los miembros de este movimiento afirmaban la existencia de un tipo de conocimiento especial, superior al de los creyentes ordinarios y, en cierto sentido, superior a la misma fe. Este conocimiento podía conducir a la salvación por sí solo.

El gnosticismo cree en la posibilidad de ascender a una esfera oculta por medio de los conocimientos de verdades filosóficas o religiosas; sólo una minoría selecta puede acceder a ellas. Se trata de una mística secreta acerca de la salvación. Eligieron sistemas de pensamientos en el que unían doctrinas judías o paganas con la revelación y dogmas cristianos. Caen en el dualismo en que identifican el mal con la materia, la carne o las pasiones y el bien con una sustancia pneumática o espíritu.

Monoarquismo

A fines del siglo II, la herejía, conocida con el nombre de monoarquismo, enseñó que en Dios no hay más que una persona.

Según la explicación concreta que de acerca de Jesucristo, se divide en dos tendencias:

a) Monarquianismo dinamístico o adopcionista.

Enseña que Cristo es puro hombre, aunque nacido sobrenaturalmente de la Virgen María por obra del Espíritu Santo; en el bautismo le dotó Dios de particular poder divino y le adoptó como hijo.

Los principales propugnadores de esta herejía fueron Teódoto el Curtidor, de Bizancio, que la transplantó a Roma hacia el año 190 y fue excomulgado por el Papa Víctor I (189-198); Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, a quien un Sínodo de Antioquía destituyó como hereje el año 268, y el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el sínodo de Sirmio.

b) Monarquianismo modalístico (llamado también patripasianismo).

Esta doctrina mantiene la verdadera divinidad de Cristo, pero enseña al mismo tiempo la unipersonalidad de Dios explicando que fue el Padre quien se hizo hombre en Jesucristo y sufrió por nosotros.

Los principales propugnadores de esta herejía fueron Noeto de Esmirna, contra el cual escribió Hipólito; Praxeas, de Asia Menor, combatido por Tertuliano; Sabelio aplicó también esta doctrina errónea al Espíritu Santo enseñando que en Dios hay una sola hipóstasis y tres <<prósopa>> ( máscara de teatro, papel de una función), conforme a los tres modos distintos con que se ha manifestado la divinidad. En la creación se revela el Dios unipersonal como Padre, en la redención como Hijo, y en la obra de la santificación como Espíritu Santo. El Papa San Calixto (217-222) excomulgó a Sabelio.

La herejía fue combatida de forma poco afortunada por el Obispo de Alejandría, Dionisio Magno (hacia 247-264) y condenada de manera autoritaria por el papa San Dionisio (259-268).

Maniqueos

Manes y sus seguidores profesan el dualismo persa: Todo procede de dos principios contrarios: el de la luz (Ormuz) y el de las tinieblas (Ahrimán). Ellos también defienden en el siglo II la separación del bien representado por Dios y el mal que viene del pecado.

En el dualismo existen dos principios en lucha: bien y mal, espíritu y materia, alma y cuerpo. Según Manes que nació en Persia hacia el año 217, estos principios son irreductibles.

Cátaros

Es un rebrote del maniqueísmo, se interesaban por la austeridad, pureza y pobreza. Menospreciaban a la jerarquía eclesiástica, tenían fuertes penitencias para sobreponerse al mal; a estos también se les llama albigenses, son dualistas.

Montanismo

A mediados del siglo II Montano opinaba que el cristianismo se estaba convirtiendo en algo fácil y mundano y que era necesario volver al cristianismo primitivo. Esta idea alcanzó gran prestigio en Frigia y Asia Menor. Montano condenó acciones como las segundas nupcias, el huir de la persecución, el servicio militar en el ejercito imperial, el asistir a los juegos del anfiteatro. Era un rigorista quien además pedía fuertes ayunos. También predijo el retorno inminente del Mesías.

Arrianismo

Tomó su nombre de Arrio, nacido en la segunda mitad del siglo III, en Libia. Arrio aparece en la historia de Alejandría, donde el Obispo Pedro, que poco tiempo después le excomulga, lo ordena diácono en el año 308. Al morir el obispo, Arrio se reconcilia con su sucesor, Aquilas, y recibe la ordenación sacerdotal; se le envía a regir una importante parroquia, y allí ha de explicar las Sagradas Escrituras. Arrio empieza a propagar errores: si el Padre ha engendrado al Hijo, el ser del Hijo tiene un principio; ha habido, por lo tanto, un tiempo en que El no existía. Al sostener esta teoría, negaba la eternidad del Verbo, lo cual equivale a negar su divinidad. Admitía la existencia de Dios que era único, eterno e incomunicable; el Verbo, Cristo, no es Dios, es pura criatura aunque más excelente que todas las otras. Y, aunque centró toda su enseñanza en despojar de la divinidad a Jesucristo involucró también al Espíritu Santo, que igualmente era una criatura e inferior al Verbo.

En el año 320, el Obispo de Alejandría convoca un sínodo que reúne más de cien obispos de Egipto y Libia, y en el se excomulga a Arrio y a sus partidarios, ya numerosos. Las doctrinas de Arrio desembocan en esta conclusión: el Hijo no es igual al Padre y es totalmente desigual en su naturaleza y propiedades.

El 20 de mayo del 325 D.C., se convocó el Concilio de Nicea, el primero de los Ecuménicos, en el que asistió Constantino, el primer emperador cristiano; 318 obispos se reunieron en Nicea, que sirvió de base al Credo que se recita en la Santa Misa. La finalidad de este texto fue concretar el Símbolo de Cesárea: “Creemos en un solo Dios, todopoderoso…y en Jesucristo, Hijo de Dios, el Unico engendrado del Padre, esto es, de la substancia del Padre, Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado y no hecho, consubstancial al Padre…” El Concilio de Nicea terminó el año 325 con el destierro de Arrio. También se condenaron sus escritos.

Esta herejía con todas sus ramificaciones se le considera como la que más prosélitos atrajo a su causa en todo el primer milenio, numerosos obispos cayeron en sus redes. Todavía en el Oriente Medio y Norte de Africa se hallan grupos de cristianos-arrianos.

Como vemos en esa argumentación el misterio de la Santísima Trinidad, el más profundo de nuestra fe, quedaba totalmente destruído. Estas afirmaciones ocasionaron muchas graves divisiones.

El Concilio de Constantinopla

A mediados del siglo cuarto los arrianos seguían obstinados a pesar de haber desaparecido su líder. La atención teológica se centró en el Espíritu Santo y el protagonista en esta ocasión fue Macedonio; si Arrio era sacerdote, Macedonio era nada menos que el patriarca de Constantinopla, que es como decir el segundo después del Papa.

Macedonio admitía la divinidad del Verbo pero la negaba en el Espíritu Santo, decía que era una criatura de Dios, una especie de superministro de todas las gracias y superior a todas las jerarquías angélicas.

También esta teoría destruía la trinidad de personas en Dios.

Se reunió el Concilio en el año 381 y declaró explícitamente que el Espíritu Santo era Dios igual al Padre y al Hijo como recitamos en el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”. Se completó el Credo que por esta razón se le llama Niceno-constantinopolitano, por haberse confeccionado en los dos primeros concilios.

En la misma época surgió otra herejía relacionada con el Verbo, Jesucristo; ésta era capitaneada por Apolinar, obispo de Laodicea, él sostenía que: En Cristo se daban dos naturalezas, la divina y la humana y una sola persona; lo cual es correcto; pero, añadía que la naturaleza humana era incompleta, le faltaba el alma, y en este caso el Verbo hacía las veces del alma.

El mismo concilio condenó este error juntamente con otros menores que se presentaron a discusión y estableció las bases seguras de la doctrina católica sobre estas materias.

Semiarrianos

Ocupan un lugar intermedio entre los arrianos rígidos (anomeos) y los defensores del Concilio de Nicea (homousianos). Enseñan que el Logos es semejante al Padre o en todo semejante a El, o semejante a la esencia, de ahí que se les denominase homousianos.

Macedonianismo

La secta de los pneumatómacos (enemigos del Espíritu Santo), nacida del semiarrianismo y cuya fundación se atribuye, desde fines del siglo IV, probablemente sin razón, al obispo semiarriano Macedonio de Constantinopla, depuesto en el 336, extendió el subordinacionismo al Espíritu Santo, enseñando, en referencia a Hebr. 1,14: “¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salud?”, que era una criatura y un ser espiritual subordinado como los ángeles.

Defendieron la divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre, contra los seguidores de esta herejía, San Atanasio, los tres capadocios: San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Gregorio Niseno y Dídimo de Alejandría. Esta herejía fue condenada por un sínodo de Alejandría (362) bajo la presidencia de San Atanasio, por el segundo Concilio de Constantinopla (381) y por un sínodo romano (382) presidido por el Papa Dámaso. El concilio de Constantinopla añadió un importante artículo al símbolo de Nicea, en el que se afirma la divinidad del Espíritu Santo.

Nestorianismo

La herejía de Nestorio, 428, patriarca de Constantinopla, hacia el 451 en el destierro.

a) el hijo de la Virgen María es distinto del Hijo de Dios. Análogamente a como hay dos naturalezas en Cristo, es menester admitir también que existen en El dos sujetos o personas distintas.

b) estas dos personas están vinculadas entre sí por una simple unidad accidental o moral. El hombre Cristo no es Dios, sino portador de Dios. Por la encarnación no se ha hecho hombre propiamente el Logos-Dios, sino que ha pasado a morar en el hombre Jesucristo, de manera parecida a como Dios habita en los justos.

c) Las propiedades humanas (nacimiento, pasión, muerte) tan sólo se pueden predicar del hombre Cristo; las propiedades divinas (creación, omnipotencia, eternidad) únicamente se pueden enunciar del Logos-Dios, se niega por tanto, la comunicación de idiomas.

d) En consecuencia, no es posible dar a María el título de “Madre de Dios” que se le venía concediendo habitualmente desde Orígenes. Ella no es más que “Madre del Hombre” o “Madre de Cristo”.

e) La idea fundamental de la dualidad de sujetos en Cristo aparece también en la doctrina confirmacionista, propia de los antioquenos, según la cual el nombre Cristo habría merecido ser honrado y acatado como Dios por su obediencia en someterse a los dolores de la pasión.

El Concilio de Éfeso

Otra de las grandes herejías de este tiempo fue el Nestorianismo, llamado así por el también patriarca de Constantinopla, Nestorio. Se planteó el problema de las dos naturalezas en Cristo, que si eran completas debían responder también a dos personas y unidas de una manera accidental.

Un presbítero, partidario de Nestorio, dijo en un sermón al pueblo, que a María no se le podía llamar madre de Dios sino sólo madre de Cristo, por ser madre de la naturaleza y persona humana; todo ello produjo un gran escándalo en el pueblo cristiano que la tenía realmente como Madre de Dios.

La discusión y división en bandos opuestos alcanzó grandes proporciones entre los teólogos y se acordó la convocatoria de un concilio en la ciudad de Efeso, en la actual Turquía, en el año 43l, en el mismo país de los dos anteriores.

Por fin se aclaró la doctrina sobre este misterio: en Jesucristo se dan dos naturalezas unidas en una forma especial y misteriosa que lleva el nombre de Unión Hipostática; las dos naturalezas, la divina y la humana conforman una sola persona, que no es mitad y mitad sino sólo divina. Con respecto a María viene a ser madre de la persona, esta persona es Dios, luego María es Madre de Dios.

En los siglos IV y V los teólogos, muchos de ellos santos y distinguidos con el título de Padres de la Iglesia, tuvieron que abordar y clarificar en lo posible, esos misterios de nuestra Fe, los cuales no pudieron ser estudiados y definidos por los Papas en los siglos anteriores por causa de las persecuciones.

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tenido que hacer frente a muchas herejías que se han suscitado en diferentes lugares y países, algunas se eclipsaron en poco tiempo y otras han sido más consistentes pero dentro de un área limitada y de poca resonancia en la vida de la Iglesia. En cuanto al Cisma Oriental y al Protestantismo se desarrollan en temas separados.

Eutiques

Profesó el error opuesto, a saber, que en Cristo no había sino una sola naturaleza, porque la naturaleza humana había sido absorbida por la divina, como el océano absorbe una gota de agua. Esta herejía conocida como monofismo o monofisismo fue condenada por el Concilio de Calcedonia 451 A.C.

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